( Yoga for teachers and emotional mangement in the classroom)

Día 1 Sábado 11-09-26 Empezamos con una lección de paciencia. Todo Erasmus empieza con una aventura… Aunque quizá, no imaginábamos que la primera sería en el aeropuerto. Nuestro vuelo nocturno, decidió que no tenía prisa y quedó aplazado hasta el domingo a las 12:00. Primer contratiempo, primer aprendizaje: en un Erasmus también se entrena la paciencia. ¡Y eso que todavía no habíamos llegado a Finlandia!
Domingo 12/07 – ¡Por fin rumbo al norte! o eso creíamos, porque como si el universo quisiera asegurarse de que habíamos aprendido bien la lección, nuestro vuelo volvió a retrasarse otra hora y media. Pero por fín a las 13:30 despegamos rumbo a Helsinki. Y empezó la carrera contrarreloj para enlazar con el vuelo hacia Rovaniemi, nuestro destino final. Y lo conseguimos. Después de un día interminable de aviones, aeropuertos y salas de espera, aterrizamos por fin a las 21:30 horas. Lo curioso fue descubrir que allí eran casi las diez de la noche… ¡y parecía que fueran las cinco de la tarde! El famoso sol de verano en Laponia nos dio la bienvenida. Con las fuerzas justas, hicimos nuestra primera compra para cenar en el apartamento. Desde el primer momento nos llamó la atención la amabilidad de la gente. Mención especial para nuestro taxista, que no dio por terminado su trabajo hasta asegurarse de que habíamos entrado sanas y salvas en el apartamento. Así, a pesar de los contratiempos de los vuelos, da gusto empezar un viaje.
Día 2 Lunes 13/07 – Empieza la aventura de verdad
Nuestro primer despertar en Rovaniemi fue diferente. Aquí la oscuridad parece haberse ido de vacaciones, así que amanecimos con una luz espectacular. El desayuno no podía empezar mejor. Descubrimos Coffee House, una cafetería muy cerca de nuestro apartamento, en pleno centro. Un sitio acogedor, con una decoración preciosa y un café servido en taza grande… exactamente como le gusta a Nati. Después llegó una de las visitas obligadas de cualquier viaje: el supermercado. Porque sí, conocer un país también es recorrer sus estanterías. Nuestro primer gran descubrimiento han sido unos crackers de pipas cargados de proteínas que prometen convertirse en el snack oficial del viaje.

A media mañana llegó el momento más esperado: comenzaba nuestro curso «Yoga for Teachers and Mindfulness into the School». Conocimos a nuestras profesoras, Pia y Sini, dos personas encantadoras que consiguieron que el estudio se sintiera como un pequeño hogar desde el primer minuto. La jornada fue principalmente de presentación y teoría para conocer cómo será el curso durante la semana, terminando con una agradable sesión de Hatha Yoga para empezar a conectar cuerpo y mente. Entre sesión y sesión hicimos una pausa para comer en Coffee House 21, justo enfrente del estudio. Primera inmersión en la gastronomía finlandesa: una patata asada con salsa de salmón, ensalada de pollo, café y una tarta de queso espectacular. Si esto sigue así, el Erasmus también va a ser un curso intensivo de buena comida.
Con las clases terminadas, tocaba descubrir Rovaniemi. El tiempo nos regaló un día magnífico y decidimos subir caminando hasta Ounasvaara, un bosque situado a apenas cinco minutos del centro. Un lugar impresionante, con unas vistas espectaculares, naturaleza en estado puro… y unos mosquitos que parecían tener muchas ganas de conocernos.También visitamos la iglesia de Rovaniemi, un lugar precioso y lleno de paz, y paseamos por las playas junto al río. Aquí todo parece ir a otro ritmo: más tranquilo, más pausado, más consciente.

Terminamos el día cenando en casa, compartiendo conversaciones interminables, muchas risas y esas emociones que solo aparecen cuando sales de tu zona de confort. Porque el Erasmus no es solo aprender nuevas metodologías. Es descubrir lugares, personas… y también un poquito más de uno mismo.
Día 3 Martes 14/07 – Un día para volver a creer en la magia
Hoy teníamos la mañana libre, así que no había tiempo que perder. Madrugamos y cogimos el autobús 8 rumbo al lugar más mágico de Rovaniemi: Santa Claus Village, justo sobre la línea que marca el Círculo Polar Ártico. Hay lugares que despiertan al niño que todos llevamos dentro, y este es, sin duda, uno de ellos. Qué bonito es que estos viajes te permitan aprender profesionalmente, y además regalarte momentos así. En pleno mes de julio nos hemos sentido como tres niñas recorriendo el lugar donde, según cuentan, vive la magia de la Navidad durante todo el año. Paseamos por la Post Office de Santa Claus, desde donde se envían cartas a cualquier rincón del mundo con el sello oficial del Círculo Polar Ártico; visitamos la estación de Santa, descubrimos el poblado de los elfos y nos dejamos llevar por el aroma de la zona dedicada a las galletas de jengibre. Todo ello rodeado de un precioso bosque de coníferas que hace que, por momentos, parezca que has entrado en una película o en un cuento navideño.

Después de cruzar la famosa línea del Círculo Polar Ártico —sí, oficialmente ya podemos decir que hemos estado allí— regresamos al centro de Rovaniemi para comer en Koti Coffee Hostel. Y fue todo un acierto. Disfrutamos de un buffet casero donde, por fin, probamos la auténtica sopa finlandesa de salmón (lohikeitto), cremosa, suave y absolutamente deliciosa. También había moussaka, varias ensaladas frescas y un surtido de platos caseros. Como colofón, el café —imprescindible en Finlandia, uno de los países donde más café se consume del mundo— acompañado de unas riquísimas galletas de avena con chocolate. Una comida de diez.
Por la tarde tocaba volver a Lummia Wellness, nuestro pequeño refugio durante esta semana. Comenzamos con una sesión de asanas para despertar y preparar el cuerpo, antes de adentrarnos en una práctica de Yin Yoga, un estilo mucho más pausado que nos invitó a permanecer en cada postura, respirar y escuchar lo que el cuerpo tenía que decirnos. Entre las prácticas tuvimos una clase muy inspiradora sobre cómo trabajar las emociones a través del yoga dentro del aula. Una idea quedó resonando en nosotras durante toda la tarde: para poder enseñar calma, primero tenemos que aprender a encontrarla en nosotras mismas. La respiración consciente, las pequeñas pausas y el autocuidado no son solo herramientas para nuestros alumnos, sino una necesidad para quienes educamos cada día. En el descanso compartimos un té con Sini, una de nuestras profesoras. Más que una pausa, fue un precioso intercambio cultural. Nos habló de la vida en Laponia y descubrimos algunas curiosidades que nos sorprendieron. Rovaniemi y la región de Laponia han estado históricamente ligadas a la minería, especialmente a la extracción de oro y de piedras preciosas como la amatista. De hecho, muy cerca de aquí existen minas donde aún hoy se pueden buscar pequeñas pepitas de oro. También aprendimos cómo cambia la vida cuando llega el invierno: las temperaturas pueden bajar fácilmente a los -30 °C, los días apenas cuentan con unas pocas horas de luz y la nieve cubre el paisaje durante meses. Sin embargo, lejos de vivirlo como algo negativo, los finlandeses han aprendido a convivir con el frío, disfrutando de actividades al aire libre y haciendo de la naturaleza una parte esencial de su bienestar. La jornada terminó con una relajante sesión de Vinyasa Yoga. Salimos del estudio con esa agradable sensación de ligereza que deja una buena práctica, caminando tranquilamente hasta nuestro apartamento bajo una luz que se resiste a desaparecer. Mañana nos espera otro día muy especial. Nos han preparado una sesión de mindfulness y una auténtica inmersión en una de las tradiciones más importantes de la cultura finlandesa: la sauna, mucho más que un lugar para relajarse; un espacio de encuentro, bienestar y conexión con uno mismo. Y así termina otro día… o mejor dicho, otra «no noche», porque el sol sigue acompañándonos. Lo más curioso es que, contra todo pronóstico, esta luz casi permanente no nos está impidiendo descansar. Al contrario, cada mañana nos despertamos con más ganas de seguir descubriendo, aprendiendo y disfrutando de esta experiencia que, día a día, confirma que un Erasmus es mucho más que un curso de formación. Es un viaje que transforma, inspira y deja recuerdos para toda la vida.

Día 4 Miércoles 15/07 – Respirar, sentir y conectar con la esencia de Finlandia
Amanece un nuevo día en Rovaniemi y hoy las clases comienzan temprano, a las 9:30, en Lummia Academy. La temática del día giraba en torno a algo tan sencillo y, al mismo tiempo, tan olvidado en nuestro día a día: la respiración. Durante la sesión reflexionamos sobre la importancia de aprender a respirar de forma consciente y de enseñar a los niños, desde edades muy tempranas, a utilizar la respiración como una herramienta para gestionar las emociones, mejorar la concentración y encontrar la calma. La práctica del día fue una maravillosa sesión de Yoga Restaurativo. Qué difícil resulta, a veces, detenerse de verdad. Vivimos acostumbrados a hacer, pensar, correr… y cuando llega el momento de simplemente permanecer, respirar y dejar que el cuerpo descanse, nos damos cuenta de lo mucho que cuesta. Fue una clase profundamente emocional. Sostenidas por cojines y mantas, aprendimos que descansar también es una forma de avanzar. Poco a poco fuimos liberando tensiones, silenciando la mente y abriendo espacio para sentir. Una práctica de esas que no solo estiran el cuerpo, sino también el corazón.
Y cuando pensábamos que la mañana no podía regalarnos nada más especial,llegó el momento de la sauna, situada junto al río Kemijoki, al lado del acogedor Summer Restaurant Kesärafla. En Finlandia, la sauna no es un lujo ni una actividad turística; forma parte de la vida cotidiana y de la identidad del país. Dicen que hay más saunas que coches, y después de vivirlo podemos entender perfectamente por qué. Es un lugar para relajarse, conversar, desconectar y cuidar tanto el cuerpo como la mente. Dentro la temperatura rondaba los 70 °C, y, cuando el calor ya envolvía todo el cuerpo, llegó el momento más esperado… salir directamente al río. El agua estaba a 16 °C, mientras que en el exterior disfrutábamos de unos agradables 17 °C. Ese contraste de temperaturas provoca una sensación difícil de explicar con palabras: primero un pequeño impacto, después una descarga de energía y, finalmente, una increíble sensación de bienestar. Salimos completamente renovadas, con la mente despejada y el cuerpo lleno de vitalidad.
Para completar la experiencia, compartimos una deliciosa comida en la terraza del restaurante, junto al río. Buena conversación, buena comida y un entorno privilegiado. Hay momentos que no necesitan grandes explicaciones porque simplemente se disfrutan. Por la tarde continuamos descubriendo Rovaniemi a un ritmo tranquilo, paseando por sus calles hasta llegar al Museo Arktikum, uno de los lugares imprescindibles para comprender la historia y la naturaleza de Laponia. El museo nos permitió conocer mucho mejor la cultura del pueblo sami, la vida en el Ártico y cómo el clima ha moldeado la forma de vivir de quienes habitan estas tierras. Pero el broche final llegó con una espectacular proyección inmersiva sobre las cuatro estaciones del Ártico y la evolución del clima y la naturaleza. Las imágenes, acompañadas de una banda sonora envolvente, consiguieron emocionarnos profundamente. Después de todo lo vivido durante el día —la respiración consciente, el silencio del yoga, el calor de la sauna, el agua del río y el contacto constante con la naturaleza— aquella proyección parecía poner palabras e imágenes a todo lo que estábamos sintiendo. Fue el cierre perfecto para una jornada que nos recordó que aprender no siempre ocurre sentado frente a un libro .A veces el verdadero aprendizaje llega cuando se vive, se siente y se experimenta con los cinco sentidos.

Día 5 Jueves 16/07 – Mindfulness en la naturaleza: cuando el bosque se convierte en el mejor aula.
Poco a poco nos vamos acostumbrando a vivir con esta luz infinita que acompaña cada jornada y que hace que el tiempo se detenga. A las 9:30 comenzábamos nuestras clases en Lummia Academy. Arrancamos con una sesión dedicada al mindfulness en el aula. Aprendimos diferentes estrategias para ayudar a los niños a mejorar su atención, desarrollar la concentración y gestionar mejor sus emociones a través de pequeñas prácticas que pueden incorporarse fácilmente al día a día de la escuela.
Como cada jornada, terminamos la parte teórica con una pequeña práctica de mindfulness. Pero la verdadera sorpresa del día aún estaba por llegar. Junto a Pia, una de nuestras profesoras, nos dirigimos al Arctic Circle Hiking Area, un espacio natural protegido situado muy cerca de Rovaniemi. Este sendero recorre bosques de pinos y abetos, humedales y pasarelas de madera que permiten descubrir la naturaleza ártica prácticamente intacta. Uno de esos lugares donde el silencio tiene sonido propio. Caminamos entre árboles centenarios hasta llegar a un espectacular mirador situado en una zona elevada desde la que se disfruta de una vista panorámica de 360 grados. Desde allí, el bosque parecía no tener fin. Allí realizamos una preciosa sesión de mindfulness en plena naturaleza. Respirar el aire puro del bosque, escuchar el viento moviendo las hojas, el canto de los pájaros y simplemente estar presentes. Durante un rato, el reloj dejó de importar. Solo existía ese instante. Después de la caminata nos esperaba otra tradición finlandesa: una comida al aire libre alrededor de una barbacoa. Asamos salchichas mientras compartimos conversaciones y risas, y probamos unas deliciosas empanadas carelianas (karjalanpiirakka), uno de los productos más típicos de Finlandia, elaboradas con una fina masa de centeno y rellenas de arroz, se sirven tradicionalmente con mantequilla mezclada con huevo cocido (munavoi). Sencillas, pero absolutamente deliciosas. Para terminar, un trocito de chocolate que, en mitad del bosque, supo todavía mejor.


Durante el paseo también seguimos descubriendo la flora finlandesa. Pia nos enseñó la Lily of the Valley (Convallaria majalis), el lirio de los valles, flor nacional. Sus pequeñas campanitas blancas desprenden una delicadeza especial y es fácil entender por qué los finlandeses sienten tanto cariño por ella. También vimos los primeros frutos de los arbustos de arándanos y otras bayas silvestres que cubren el bosque. Aún estaban verdes y les faltaban unas semanas para alcanzar su punto óptimo de maduración, así que tendremos que conformarnos con disfrutarlas de otra manera. Y no nos podemos quejar, porque aquí las mermeladas de frutos del bosque, combinadas con mantequilla, son un auténtico espectáculo.
Despues de una experiencia tan intensa, hicimos una parada para tomar un café acompañado de uno de los postres más populares del verano finlandés: la tarta Brita. Un bizcocho ligero con una base de merengue crujiente, relleno de nata, crema y frutos rojos como frambuesas y arándanos. Uno de esos sabores que sabes que vas a recordar cuando vuelvas a casa.
Y para poner el broche de oro a una jornada tan especial, decidimos salir a pasear, queríamos despedir el día disfrutando de uno de los mayores regalos que ofrece el verano en Laponia: el sol de medianoche. Y qué bonita casualidad que, precisamente el día en el que habíamos trabajado el mindfulness y la importancia de vivir el momento presente, el cielo nos regalara una noche completamente despejada. Sin una sola nube, el sol permanecía suspendido sobre el horizonte, bañando todo el paisaje con una luz dorada y suave que parecía detener el tiempo.
Nos sentamos en una pequeña playa, a los pies de Ounasvaara, contemplando en silencio cómo el río reflejaba esa luz infinita. No hizo falta decir nada. Solo mirar, respirar y dejarnos envolver por la calma. Hay lugares que impresionan por su belleza, pero hay momentos que trascienden las fotografías porque solo pueden sentirse.

Quizás, la mayor enseñanza del día sea, que hay instantes que simplemente hay que vivirlos, sin prisas, sin expectativas y con el corazón completamente abierto. Y así, con el alma llena, la mente en calma y la inmensa gratitud de quien sabe que está viviendo algo irrepetible, nos vamos a dormir en nuestra penúltima «no noche».
Día 6 Viernes 17/07 – El final de un viaje que acaba de empezar
Todo lo bueno llega a su fin… y nuestra experiencia en «Yoga for Teachers and Mindfulness into the School» también comienza a despedirse. Parece mentira que hace apenas unos días aterrizáramos en Rovaniemi con la incertidumbre de un viaje lleno de retrasos y hoy nos marchemos con la mochila llena de aprendizajes, emociones y personas que ya forman parte de esta aventura. La mañana comenzó temprano en Lummia Academy con una preciosa sesión de Gentle Morning Hatha Yoga. Saludos al sol, estiramientos suaves y una relajación final para despertar el cuerpo con calma y agradecimiento. Una forma perfecta de comenzar el último día.
Después llegó la última sesión del curso: Yoga and Mindfulness in the Classroom. Reflexionamos sobre cómo estas prácticas pueden acompañar el desarrollo de niños y jóvenes, desde los 3 hasta los 18 años. El yoga y el mindfulness ayudan a mejorar la atención y la concentración, favorecen la autorregulación emocional, disminuyen el estrés y la ansiedad, desarrollan la conciencia corporal y fomentan valores tan importantes como la empatía, el respeto y la convivencia. Pero, sobre todo, ofrecen a los niños un espacio para escucharse, conocerse y crecer de una forma más consciente.

La última parte del curso estuvo dedicada a planificar cómo incorporar todo este aprendizaje a nuestras aulas. Fue un momento muy enriquecedor en el que pudimos imaginar nuevas rutinas, pequeños momentos de respiración, juegos de atención y propuestas que, estamos convencidas, harán crecer también a nuestros pequeños de Infantil.
Y entonces llegó el momento que ninguna quería que llegara. Los abrazos, las últimas fotos, las palabras de agradecimiento. Esa mezcla de alegría y nostalgia que solo aparece cuando una experiencia ha merecido realmente la pena. Porque este curso nos ha regalado mucho más que nuevas herramientas para enseñar. Nos ha recordado la importancia de cuidarnos para poder cuidar, de respirar antes de responder, de vivir el presente y de entender que el bienestar del docente también forma parte del aprendizaje de sus alumnos. Nos vamos con nuevas ideas, sí, pero también con una nueva forma de mirar la escuela… y de mirarnos a nosotras mismas.
Para despedirnos, volvimos una última vez a Coffee 21, ese lugar que casi ha sido nuestra segunda casa durante la semana. Elegimos algunos de los platos que más nos habían conquistado estos días. Probamos los kanavavohveli, unos gofres salados acompañados de pollo, una combinación sorprendente y deliciosa; una nueva ración de lohikeitto, la tradicional sopa cremosa de salmón que ya ocupa un lugar especial en nuestros recuerdos gastronómicos; unas patatas asadas con salsa de salmón y unos crujientes totopos que completaban una comida perfecta. Todo acompañado, cómo no, de otro café finlandés servido en esas tazas enormes que invitan a quedarse horas conversando. Y eso hicimos, una sobremesa sin reloj. Compartiendo impresiones, recordando anécdotas y haciendo balance de una semana que, sin darnos cuenta, nos ha cambiado un poquito.
Por la tarde no podíamos marcharnos sin despedirnos de nuestro lugar favorito: Ounasvaara. Subimos una vez más por ese bosque que ya casi sentimos nuestro. Curiosamente, parecía diferente. Como si el hecho de haber cambiado nosotras hubiera transformado también el paisaje. Volvimos a recorrer aquella interminable escalera de madera que parece subir hacia el infinito. Caminamos sin prisa, dejándonos envolver por el olor de los pinos, el sonido del viento y esa agradable sensación de perderse para volver a encontrarse.
Una semana puede parecer poco tiempo. Sin embargo, hay viajes que condensan en unos pocos días emociones suficientes para permanecer toda una vida. Nos llevamos recursos para nuestras aulas, nuevas amistades, una cultura que nos ha enamorado y la certeza de que educar significa aprender constantemente.
Gracias, Rovaniemi (66.5039° N, 25.7294° E) Gracias por tu luz infinita, por tus bosques, por tus silencios, por tu calma y por enseñarnos que a veces la mejor manera de avanzar es detenerse un instante y respirar.
Mañana volveremos a casa, pero una parte de nosotras se quedará para siempre entre los bosques de Laponia.
Gracias Erasmus Plus por hacer posible estas formaciones.


